Juan Capítulo 21

Juan capítulo 21.

Hace unos días y gracias a un amigo, leí el último capítulo del Evangelio de Juan,  me sugirió no solo leerlo, debía entrar en ese momento tan especial que vivieron los Apóstoles, especialmente acercarme a Pedro.

No fue fácil, creía conocer de memoria este Evangelio pero tuve que dejarme llevar hasta allí, hasta la orilla del mar, sentir el sabor a sal, escuchar las olas, el ruido de los hombres trabajando, dejar que el tiempo se parase o retrocediese... Allí estaban Pedro y Juan, sus hermanos y amigos, sostenían su fe como podían, con la esperanza puesta en esas visitas fugaces de Jesús Resucitado, esperando que no fuese un espejismo... 

Me llama la atención cómo desde el principio los discípulos siguen a Pedro. Un simple "Vamos contigo" me dice que tienen la necesidad de seguir a alguien, Jesús no está, al menos en ese momento,  pero Pedro si,  aun así, ni con toda la experiencia que tienen, ni con Pedro guiándoles, pescan nada ese dia.
¿porque? ¿que les falta? ¿Porqué cuando un desconocido les dice dónde tienen que echar las redes éstas se llenan? ¿Que ha cambiado? Reconocer a ese desconocido como el Señor y poner su confianza en El lo cambia todo. Todo se vuelve más claro, transparente.
Juan se lanza al mar cuando descubre a Jesús, es el primero que le reconoce como el Maestro, sin ninguna duda en su corazón. No le importa nada, solo correr a su lado, eso si, quiere estar presentable, no de cualquier manera, no te pones de cualquier manera delante del Señor.
Jesús tiene con ellos un momento tan cotidiano como nuevo después de la Resurrección,  Jesús quiere compartir con ellos la comida, El pone el pan, su cuerpo, ellos ponen los peces, su trabajo, un trabajo que sin Jesús no fructifica.
Pedro, después de su fracaso como amigo, quiere hacer las paces con Jesús a toda costa, su Si es incondicional, "Tú sabes que te quiero" todavía no se ha dado cuenta de que Jesús no quiere eso, no quiere palabras bonitas, ni entregas a medias, le quiere a él por completo, en toda su dimensión humana, "apacienta a mis ovejas" se convierte así en una exigencia digna del mejor de los discípulos. 
Pedro le pregunta a Jesús por Juan cuando ve que les sigue.  "¿que hay de este?" Pero Jesús  no quiere distracciones, ni con Juan ni con nadie, le quiere a él y solo a él. Su contestacion lo dice todo: "¿y a ti que?"
Pedro no quiere volver a fallar, ahora sabe lo que Jesús quiere de el y Juan, en su humildad, debe ser un referente no un obstáculo. Jesús quiere a todos por igual, sea cual sea su tiempo, su disponibilidad, su entrega.

Después de acercarme a este Evangelio, soy consciente de las preguntas que tengo sin responder:
¿pongo mi vida en manos de Dios o prefiero confiar en mis propios medios?
¿aguantan las redes cuando lo hago sola? 
¿me presento ante Jesús de cualquier manera?
¿me alimento de verdad de la Eucaristía o es un mero trámite que pasar el domingo?
¿juzgo lo que hacen los demás?
¿me creo mejor, más cerca, creo que trabajo más por el Reino que los demás?
¿se lo que quiere Jesús de mi? 

Al igual que Pedro siempre estoy esperando esa pregunta que lo cambia todo, "¿me quieres?" esa pregunta que compromete y asusta por igual, porque solo hay una respuesta: "Jesús tú sabes que te quiero" y cuando la dices en voz alta, ante El,  todo cambia.

Y ahora, si tienes curiosidad y si no lo has hecho ya, coge la Biblia y busca el capítulo. A lo mejor a ti te dice algo diferente.

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